Adquisición de lenguas en distintas condiciones
Por Richard Scheffer
Publicado el 7 de julio de 2026
Hace un tiempo asistí a una conferencia digital titulada "Språkinlärning på olika villkor" (Adquisición de lenguas en distintas condiciones), impartida por Annika Andersson, profesora universitaria de Sueco como Segunda Lengua en la Universidad de Linneo. Quiero compartir algunos hallazgos interesantes de su investigación.
Adquisición fonética temprana
Hasta los seis meses de edad, los bebés pueden distinguir diferencias fonéticas avanzadas de cualquier idioma. Entre los seis y los doce meses, esa capacidad se estrecha a los sonidos de su primera lengua o lenguas. Esto tiene implicaciones prácticas para aprendientes de todos los perfiles: explica, por ejemplo, por qué distinguir ciertos sonidos en un idioma nuevo (como los sonidos sje del sueco) puede ser realmente difícil, y por qué los aprendientes no deberían castigarse por ello. También subraya que las dificultades auditivas durante el primer año de vida pueden tener consecuencias duraderas para la adquisición del lenguaje durante toda la vida.
Multilingüismo y conocimiento lingüístico previo
Poder usar la primera lengua al aprender una nueva mejora los resultados. Ser multilingüe también aumenta la capacidad de adquirir más lenguas. Los factores socioeconómicos también desempeñan un papel importante; pueden determinar hasta dónde llega una persona en el desarrollo tanto de una lengua nueva como de su primera lengua.
Lo que me resultó especialmente convincente fue la profundidad de la influencia de la primera lengua: no solo en cómo hablamos, sino en cómo el cerebro procesa una lengua nueva en tiempo real. Andersson y su colega Marianne Gullberg, de la Universidad de Lund, publicaron en 2022 un estudio en Frontiers in Psychology en el que midieron respuestas cerebrales con EEG en aprendientes angloparlantes y germanoparlantes de sueco. Durante la prueba, escuchaban verbos suecos de colocación como sätta, ställa y lägga, palabras que en inglés suelen corresponder a "put", pero que en sueco tienen significados muy específicos según la forma y la orientación del objeto colocado. El sueco, igual que el alemán, exige esas distinciones finas. El inglés no; "put" cubre todo.
Los resultados fueron llamativos. Los aprendientes de alemán, cuya lengua ya hace distinciones parcialmente similares, mostraron patrones de respuesta cerebral mucho más cercanos a los de hablantes nativos de sueco que los aprendientes de inglés. Los aprendientes de inglés mostraron una respuesta neuronal cualitativamente distinta, no solo más débil, sino diferente en su naturaleza. Esto sugiere que la primera lengua no solo da ventaja en vocabulario o gramática. Moldea de forma real las rutas cognitivas a través de las cuales procesamos significado en una segunda lengua. Y esto aparecía incluso cuando los dos grupos estaban equiparados en nivel, edad y años de exposición. La competencia superficial y el procesamiento semántico profundo, en otras palabras, no son lo mismo.
Enfoques de enseñanza eficaces
En cuanto a la instrucción directa, Andersson destacó el valor del habla dirigida al niño, un ritmo más lento y cómodo con pausas deliberadas, así como la técnica de reflejar la respuesta del estudiante, repitiéndola o reformulándola. También subrayó que la calidad del input lingüístico es esencial cuando la cantidad es limitada, mientras que la cantidad de exposición importa igual cuando la calidad es alta.
La investigación también apunta a prácticas concretas que merece la pena destacar. Planificar de forma deliberada tiempo para conversar, no como añadido espontáneo sino como actividad programada en la que el único trabajo del docente en ese momento es hablar con un niño, resultó ser más importante de lo esperado. El trabajo de vocabulario en situaciones reales también fue más eficaz que las listas descontextualizadas: averiguar exactamente qué palabras necesita un niño para incorporarse a un juego de fútbol o participar en un rincón de juego simbólico, y enseñar esas palabras antes de que las necesite.
Motivación y entorno familiar
En lo relativo al aprendizaje del sueco, Andersson señaló el papel de las actitudes parentales. Si las familias hacen el esfuerzo de aprender el idioma, si ya lo hablan y si lo consideran importante, todo eso influye directamente en la motivación del niño.
Ella y sus colegas lo estudiaron en un proyecto de investigación y desarrollo de dos años llamado Moroten, realizado en colaboración con preescolares en Karlskrona y publicado en un volumen de 2026 sobre investigación basada en la práctica. Muchos niños multilingües en esos centros mostraban baja motivación para usar sueco, y en algunos grupos el inglés se había convertido en la lengua social por defecto, impulsado sobre todo por YouTube, videojuegos y plataformas de streaming. El proyecto trabajó en tres frentes simultáneamente: fortalecer el conocimiento del personal en adquisición del lenguaje, desarrollar actividades concretas de aula e incorporar a las familias al proceso.
Una herramienta especialmente concreta fue el libro gemelo: el mismo álbum ilustrado prestado en dos idiomas a la vez, leído en sueco en preescolar y en la primera lengua del niño en casa. A las familias que encontraban difícil la versión escrita se les animó a contar la historia con sus propias palabras. Los resultados de encuestas en tres momentos mostraron incrementos relevantes en la motivación percibida en los niños, pero de forma más consistente en las familias respecto al aprendizaje de sus hijos. La motivación que sienten los padres por el aprendizaje de sus hijos resultó ser el factor más fuerte y estable de todos los medidos. Hay algo importante ahí. El compromiso no tiene por qué empezar por el niño.
Sentí que merecía la pena compartirlo. De verdad me gustaría que pudiéramos incluir a las familias de forma más directa en este trabajo; la investigación lo respalda con bastante fuerza. ¿Quién debería ser quien se lo cuente todo: tú o yo?
Richard Scheffer

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